aprendiz de Bess Mc’Neill*
-I-
fue nada más despertar hoy
y acordarse con desusada nitidez
para lo que mitiga habitualmente el paso del tiempo
de esa terraza de esa noche
del hombre del cuchillo
a lo mejor si lo trata bien
si no grita si no solloza
lo podrá disuadir
pero antes de la prosperidad
de cualquier estrategia
la humedad los sobresaltó
y huyeron cada uno por su lado
no sabía en aquel exaltado entonces
que pudiera ser una iniciación
en el adiestramiento a lo Bess Mc’Neill
aunque no logró nunca
refugiarse en la demencia ni tampoco
llegaría a ser cándida nunca
ahora en su particular encabalgamiento
al péndulo de la historia
no le cuesta separar las piernas
le gusta creer que se inmola
ahora está más cerca del bondage
que de bondad
pero puede intentarlo todavía
-II-
él le habla
ella habla con él
hace fuerza con el pensamiento
y lo oye
le hace preguntas y él responde
sin lugar a duda son dos voces
-¡qué torpes son los diagnosticadores de esquizofrenia!-
no te des por aludida, Bess, si dicen cosas
no te atemorice la puerta cerrada del hogar
ni te acobarde la lapidación de los imbéciles
podrás sobrevivir a uno o dos desmayos
te agigantarás
hasta que ni Ian te merezca
sólo el que contesta siempre, siempre
será quien reconozca que eres gloria entre los hombres
serás quien les enseñe que infierno y cielo son lo mismo
sólo por el redoble de campanas en lo inmenso
hasta que Ian lo comprenda
te santificarás
escupe tu maravilla para desenmascarar el mal
-III-
nunca se sabe si hacemos bien las cosas
¿verdad, mi niña hechizada?
la torpeza es son de violines falseados
no nos ha sido dada esa serenidad
privativa de adaptados eficaces
¿a qué hora vienen los buitres, Bess?
los esperaremos con la boca abierta
y algo de baba resbalando por las comisuras
por si los que vuelven sean albatros
otra deflagración en día normal
el asombro es un espasmo muy fuerte
no disimulemos la molestia feliz
que causan el ronquido y las flatulencias
del amado macho dormido
una gorda horrorosa envenena a sus hijos
un chino piromaníaco incendia diez mueblerías
nosotras gordas nosotras chinas
sí sabemos el secreto de la nueva era
cuántas canciones míticas harán falta para embelesarlos
el murciélago gigante cruza la noche
todos los números se agolpan en mensajes
el gran barco desafía a la endeble puta
al final los parientes suelen condolerse, no temas
ningún azar nos elegiría
la ridiculez de los afeites
nos hace soberanamente dulces
los que están acostumbrados a
no saben si merecemos compasión
la construcción del poema tambalea
cuando no se ha rezado lo suficiente
hay un gen modificado y nadie lo detectó
ni down ni up apenas paralelo
y no parece que estemos dotadas con las condiciones necesarias
interpretamos desde el error
con demasiada buena suerte
a punto tal que
todo nos sabe a epopeya
Gabriela Alia Botbol
(*) nombre del personaje protagonista de la historia que el cineasta Lars Von Trier narra en Rompiendo la olas –como se la conoce en España- o Contra viento y marea –como se la conoce en Argentina-.